Diario de una cuarentena -Días ocho a once-

Escribe Deni Figueroa

Parte II

Los últimos días han transcurrido lentos y monótonos, la mayor parte de estos me he encerrado en mi cuarto buscando alguna distracción en mis libros, la música y el cine, por un breve momento incluso he logrado retomar el dibujo y la escritura. Aun así, en las noches vuelve el insomnio y llegan los pensamientos intrusivos. Mis horarios de sueño se han vuelto irregulares y eso afecta de manera negativa mi ánimo. Tener ansiedad en medio de una pandemia es, hasta ahora, uno de los peores escenarios que me ha tocado experimentar, la incertidumbre genera pequeñas crisis y, con los cambios de temperatura, un leve dolor de garganta se convirtió en una pesadilla. Me aislé completamente unos días, evitaba los mensajes y llamadas porque no sabía cómo expresar todo lo que esto me provocaba.

Decidí marcarle a mi psiquiatra, necesitaba hablar con él, pese a que en términos generales he estado estable. Sé que esta atención es un lujo, últimamente me ha rondado mucho el hecho de que la cuarentena y ciertos servicios son también un privilegio en el que intervienen muchos factores, como escolaridad y clase social, el tipo de trabajo que tienes; y eso sólo abona más a mis otras preocupaciones. La platica con él es breve, sin embargo, basta para calmarme un poco. Me recomienda alejarme de redes sociales, principalmente aquellas en las que transite demasiada información al respecto. Le hablo de mis problemas de sueño, de alimentación, y de cómo siento que he retrocedido un poco en el proceso terapéutico que ya llevaba, las ganas de llorar que me invaden en diversos momentos del día; me recuerda que esta es una situación extraordinaria, pese a la cual no he recaído. Su sugerencia es el ejercicio y cambiar el enfoque: estoy en cuarentena para prevenir contagiarme y contagiar a otros, es por un bien mayor y no una especie de castigo. Estos días he intentado hacer lo que me ha dicho.

En este cambio de enfoque he retomado el contacto con viejos amigos, demostrado mi preocupación por aquellos con los que soy más cercana. También he tratado de hacer tres comidas al día, porciones pequeñas, en lugar de una sola extremadamente pesada. Aún no resuelvo lo del insomnio, a pesar de que he intentado con yoga y ejercicio, por lo tanto, he buscado una nueva opción: acompañar a otras personas a las que, como a mí, nos cuesta dormir en estos días. Me aterra la idea de que esto apenas va empezando, sin embargo, trato de mantenerme optimista al respecto y de irlo compartiendo con otras personas.

Las videollamadas con mis amigos se han vuelto más frecuentes, por momentos olvidamos todo lo que ocurre y comenzamos a hacer planes para cuando todo esto pase, somos optimistas, reímos y nos burlamos de la situación. A veces volvemos al tema de la pandemia y nos cambia por completo el semblante. Buscamos temas más amables. Los memes que hemos visto, nuestras actividades, les cuento que he estado tan aburrida que he pensado en comenzar a grabar Tik Toks, que en lugar de eso me he grabado leyendo poesía y subiéndola a Instagram porque aún soy una idealista que cree que la literatura atenúa algunas penas, que el arte de alguna manera nos salva.

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