Luis Zapata, pícaro y vampiro

Maritza Flores Hernández

Por la noche del miércoles 4 de noviembre de 2020 todo fue oficial: Luis Zapata había fallecido. Los pésames corrieron en las redes sociales como reguero de pólvora. Incluso, hubo quien publicó la noticia en la biografía de su Facebook. Eso pasa cuando el difunto es el creador de un vampiro y de un libro de culto. ¿Le gustan los libros de culto?

Luis Zapata Quiroz, mejor conocido como Luis Zapata, nació en Chilpancingo, México, el 27 de abril de 1951, y falleció en la Ciudad de México.

Escritor de novelas, crónicas y cuentos, fue también dramaturgo y traductor, realizador de sus propias películas y fan de Angélica María.

Y es el creador de una novela de culto: El vampiro de la colonia Roma, cuyo protagonista, Adonis García, es un prostituto homosexual, sediento de todos los apetitos, quien disfruta de su vida sin remordimientos ni tapujos, tal y como la eligió.

Al ser entrevistado, por canal 22, en el año de 2014, respecto al personaje, Zapata comentó:

“…No me plantée la posibilidad de tener un personaje que reivindicara los derechos de los gays, sino que reivindicara el derecho de los pícaros.

”Es un personaje que vive buscando el placer, como puede ser un vampiro de la ficción; como puede ser un vampiro clásico, el de colmillos y todo, que desea todo el tiempo. Desea el contacto con las mujeres bellas. Contacto no sólo necesario para sobrevivir, que es la sangre, sino también el placer sexual…”

Con esta declaración, por una parte, el propio autor desmitifica el hecho de haber escrito para convocar a la apertura de un nuevo género literario, que bien podría ser, la literatura gay.

Y por otra, confirma un parteaguas en la historia de la literatura, porque Zapata, en realidad, cuenta las aventuras de un hombre joven, quien aprovechando su belleza física —pues es muy guapo— encuentra en la prostitución, un placer y una forma de vida, lo que no es censurable para él ni para sus amigos.

De suerte que la novela, publicada en 1979, propuso un tema controversial no sólo en México sino en muchas otras partes del mundo, pues más que hablar de la homosexualidad, incursionó directamente en el mundo de la prostitución masculina.

El tema levantó ámpula, ya que admitir la prostitución masculina, por lo menos en la ficción de la novela, anticipaba la realidad del personaje y de sus clientes. Y es Adonis, quien, asombrado, comenta al escritor y al lector (sí, a Usted):

“… ¿contarte mi vida?    Y ¿para qué?

      ¿a quién le puede interesar?        además yo tengo muy mala memoria          ”

Así que el personaje, aunque está dispuesto a confesar su vida, advierte que puede incurrir en algunos olvidos; se ignora si estos serán voluntarios o involuntarios, pero eso no importa, porque esa es una característica propia de un pícaro, como Adonis García.

Igualmente comenta sobre las marcas del destino:

“….       Yo creo que a mí no me tocó destino o si me tocó     se me perdió en el camino       y es que toda mi vida me la he pasado aquí    en la ciudad ¿no?  En las calles    con mis amigos.    de vago si tú quieres  trabajando a veces   taloneando casi siempre…”

De este modo explica de qué vive y, sin remilgos, lo distingue del oficio que ejerce, precisando que no tiene mayores talentos o que los perdió, por eso “no tiene destino”.

Se trata de un pícaro que sobrevive con su ingenio y no comete el error de hacer preguntas; simplemente acepta y procura disfrutar de todo cuanto puede. A lo largo de la novela, el protagonista describirá a algunos de sus “compañeros”, sus contradicciones y cómo eso le causaba risa, burla o miedo.

Desde luego, cuando la novela salió por primera vez provocó una polarización entre los lectores. Se dividieron unos a favor y otros en contra.

Los primeros la consideraron como una obra literaria que rompía con los temas comunes del homoerotismo y con las formas convencionales para cualquier relato; por ejemplo, la omisión de los signos de puntuación, de las mayúsculas. A cambio, la introducción de espacios largos o cortos entre cada frase dieron al lector la posibilidad de acercarse al personaje central, comprender su vida, su tono al hablar y el por qué de sus reacciones.

Los que estuvieron en contra se refirieron mucho más a una cuestión “moral” o “social”, olvidando que es el lector, quien selecciona sus lecturas y tiene la última palabra en cuanto a la realidad y la ficción que le rodea.

Sin embargo, Adonis García, el protagonista —no obstante, tener una vida vulgar, alejado de la virtud—, es auténtico. Narra:

“…        Y entonces llegábamos mi cuate y yo y entrábamos ¿no?   y nos quedábamos parados ahí un rato    viendo a la gente       había muchísima gente y todos vestidos así muy elegantes  con pieles y todo       o sea    las mujeres con pieles y vestido largo y joyas  y los hombres de traje negro   de smoking  pero se veía que todos eran heterosexuales       es decir   tenían cara de heterosexuales       pus no te puedo decir cómo son las caras de heterosexuales    pero uno  como homosexual        ha aprendido a ver la cara de la gente su   este        su onda sexual        haz de cuenta  tú no puedes describir una cara de menso   pero ves en la calle que tiene cara de menso y dices  “ah    pus este buey tiene cara de menso”      entons así es ¿no?   lo ves   lo sientes  …”

Como se ve, carece de fórmulas sofisticadas o de secretos que desvelar para que el escritor o el lector puedan descubrir lo que muchos quieren saber, sólo por morbo o por chisme.

Estas cuantas líneas dibujan el por qué la novela ha sido objeto de culto, aunque no de pocas personas, pues esta pieza que ganó el Premio Juan Grijalvo, en 1979, vendió en su primer tiraje 25 mil ejemplares, algo inusual para cualquier género literario y para cualquier época.

Al respecto, Zapata —en la entrevista a la que hemos hecho referencia— especificó:

“… No pensaban que se fuera a vender tanto. Sobre todo, porque yo tuve una especie de discusión, pequeña batalla con el editor de Grijalbo, que me sugería que retomáramos la puntuación original del libro y elimináramos los espacios porque creía que eso podía entorpecer la lectura y por ende obstaculizar las ventas del libro que es lo que les importa generalmente, cómo se va a vender un libro.

”Recuerdo que, incluso, me preguntó, qué prefieres que se vendan tres mil ejemplares de tu libro, así como lo tienes con los espacios en blanco o que se vendan 30 mil, con la puntuación convencional y con mayúsculas y demás, y yo dije: prefiero que se vendan 3000, si es como yo lo escribí …”

Lo anterior demuestra que, efectivamente, son los lectores quienes definen sus prioridades, aceptando una obra de tema controversial, que rompe con la estética convencional de su tiempo y cuyo personaje es un pícaro actualizado, dispuesto a luchar por el destino que él mismo se ha forjado. Y es a este personaje, a quien el público sigue, pese a sus múltiples “cualidades”, pues le reconoce alguna condición que lo identifica con la existencia humana.

La valentía de Luis Zapata triunfó, legó una obra que sobrevivirá a los tiempos y ese es el mejor tributo para quien dedicó su vida a escribir.